martes, 13 de agosto de 2013

Ángel Orensanz llega a Aldeaduero (Salamanca) y reconstruye el paraíso


Los territorios de Aldeaduero han estado alejados del centro de Europa durante miles de años y del desarrollo urbano e industrial durante cientos de años. El progreso industrial y la historia cultural europea fueron construidos lejos de estas tierras.
El escultor Angel Orensanz ha sido invitado por expertos de estas tierras. Les está ayudando en sus planes de trazar una visión que mantiene los principios de cientos de años de atención a estos montes que ahora se abren a la sociedad posindustrial. Angel Orensanz está ya trabajando conceptos y elementos que empalman con la piel de esas montañas, valles y riberas.
Sus esculturas de materiales crecidos allí mismo son piedra, madera y cerámica. Sirven de indicadores para las riberas de los ríos.
Su meta es erigir estructuras y piezas a partir de la observación y la convivencia, nunca a partir de un plan estricto o de una ideología. Este escultor ha mantenido siempre, desde su primera niñez, un diálogo interno con la naturaleza de los montes y cordilleras, iniciado en sus Pirineos nativos en la frontera con Francia.
En esta ocasión juega con tres conceptos principales que lleva a cabo con el apoyo de los líderes locales de Aldeaduero. Se trata de una serie de cilindros verticales de cemento encofrado, unos 27. Aparecen poco a poco en cumbres y en valles. Orensanz esta diseñando además una estrella de grandes dimensiones con radio de doce metros de largo. El tercer elemento es una barca de grandes dimensiones que no se mostrara sobre las aguas del rio Duero sino que será visible en una cumbre elevada.
Existe una cierta similitud con el Parque Guell de Antonio Gaudi en Barcelona, pero con una sintaxis bien diferente. La totalidad de sus bosques son abiertos y salvajes. Aquí los elementos esenciales son las formaciones de bosques, ríos y muros rocosos. Las esculturas simplemente destacan y enfatizan los elementos naturales. Definitivamente, Aldeaduero se mueve por parámetros diferentes a los del parque europeo y también al concepto británico de parque (Holland Park), conectaría más con el concepto americano de parque y lo estaría prolongando bien hacia el siglo veintiuno.

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